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Mauricio I de Argentinistán

1 noviembre 2017 NACIÓN


Con una puesta en escena majestuosa y con un discurso que pondría celoso a cualquier pastor evangelista, el presidente Mauricio Macri salió a exhibir la suma de los poderes que desde el lunes detenta.
La renuncia de la Procuradora General de la Nación luego de dos años de fuertes presiones políticas, judiciales y mediáticas, que incluyeron amenazas de muerte contra sus hijas y contra ella misma; le deja el camino liberado para ejercer el poder dictocrático que tanto le gusta. “Para los amigos todo, a los enemigos , ni justicia “ decía el adagio peronista.
En su discurso, el presidente anunció las medidas para los próximos dos años de gobierno entre las que prometió quitarle derechos a los jubilados modificando el índice de actualización de sus haberes; prometió despidos de empleados públicos; reducción del gasto en Educación; reformas en la Justicia y en el sistema electoral – vuelve a insistir con el voto electrónico, que no pudo lograr con acuerdo del Congreso de la Nación; reforma tributaria – bajar impuestos a los ricos y empresarios; y una reforma jubilatoria, que impondrá un alza en la edad mínima para alcanzar ese derecho, hoy fijada en 60 años para las mujeres y 65 años para los hombres.
Con la retórica conservadora pero disfrazadas de buena noticia que caracteriza sus propuestas, el presidente se quejó de todas y cada una de las cosas con las que el poder establecido ha hecho campaña siempre: el excesivo gasto público, el supuesto exceso de sindicatos y la justicia laboral.
Para mostrar qué tan en serio hablaba ayer, hoy, el presidente cambió a su ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaille; y en su lugar nombró al presidente de la Sociedad Rural Luis Miguel Etchevere.
El terrateniente es tristemente célebre porque en 2014, en su campo se encontraron casi 40 empleados en negro, y algunos, como los hermanos Cornejo, llevaban más de 27 años a su servicio, viviendo en taperas, con sueldos de un tercio del valor del salario mínimo vital y móvil.
La suavidad en las palabras y la brutalidad en los gestos es una constante en el gobierno de la alianza Cambiemos.
El acto donde anunció la quita de derechos a trabajadores y jubilados, se realizó en el Centro Cultural Kirchner; el mismo que lleva el nombre del presidente que se lo arrebató, cuando la empresa Correo Argentino, que Mauricio Macri dirigía, pretendía convertirlo en un paseo de compras.
Ayer, Macri, se consagró dueño de la Argentina ante los aplausos de la CGT, la Corte Suprema y parte de la oposición.
DM


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