Roberto Jorge Santoro nació en Buenos Aires el 17 de abril de 1939. Fue fundador de la revista literaria “El Barrilete” y de publicaciones como “Gente de Buenos Aires y Papeles de Buenos Aires”.
Se presentaba: “Roberto Santoro, sangre grupo A, factor Rh negativo, 34 años, 12 horas diarias a la búsqueda absurda, castradora, inhumana, del sueldo que no alcanza. Dos empleos. Vivo en una pieza. Hijo de obreros, tengo conciencia de clase. Rechazo ser travesti del sistema, esa podrida máquina social que hace que un hombre deje de ser un hombre, obligándolo a tener un despertador en el culo, un infarto en el cuore, una boleta de Prode en la cabeza y un candado en la boca”.
Otras publicaciones en las que colaboró fueron La Cosa, La Pluma y La Palabra.
Los Informes sobre Discépolo, la Esperanza y Trelew, entre otros, son una muestra de la dinámica de la poesía de aquellos años.
Toto o el Pelado, como también lo conocían, tuvo como uno de los trabajo más destacados el de compilar los textos que forman parte de “Literatura de la pelota”, obra en donde reproduce poemas y escritos acerca de la pasión por el fútbol. Santoro inaugura, así, la primer aproximación hacia el intento de reconciliar a la cultura con las expresiones más populares de la sociedad argentina.
Roberto Jorge Santoro fue secuestrado durante la dictadura cívico militar el 1° de junio de 1977, quienes se lo llevaron ilegalmente de su lugar de trabajo: la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 25 Teniente Primero de Artillería Fray Luis Beltrán, que queda en la calle Saavedra del barrio de Once, donde el poeta prestaba servicio de preceptor.
Hasta hoy se encuentra desaparecido. Una plaza de Buenos Aires, en Avenida Forest y Teodoro García, lleva su nombre.
En la reedición de “Literatura de la pelota” (mayo 2007) estuvo a cargo de Lilian Garrido y con aportes de su hija, Paula Santoro y portada de Pedro Gaeta.
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Letra: Roberto Jorge Santoro / Música: Astor Piazzolla (Soledad)
Andaba yo desnudo de mí
perdido en la lluvia del olvido,
de barco navegando por las plazas,
dormido el pecho,
su gorrión descalzo
y tuve que llevarte a la palabra,
ponerte en posición de vuelo,
a veces de bufanda
rueda azul
andaba
te seguía
mi muerte con su forma de guitarra
y tuve que ponerla en la memoria
como se pone un hijo
con esa rabia dulce
mitad de mí
agua del aire
andaba así
de loco en el olvido
de furia que quiere reventar por el costado
y un día de tanto nombrarla
la encontré,
se la llevé a mi madre,
la puse en el saludo,
la compartí como un pan con mis amigos,
la arrastré hasta. el remolino del amor
allí donde los ríos tienen un mismo nombre,
para que entendiera de una vez por todas
que era nuestra,
para que nunca se olvidara de este país enorme,
de esta ciudad,
su ternura abandonada en los portales,
le dije algunos versos,
le puse el corazón como una hoguera,
me la bebí de cabo a rabo,
le enrosqué la cola en mi solapa,
me di el gusto de agarrarla de la mano
y hoy la traigo aquí,
pero si un día se llega a volar porque fallamos
si se escapa esta rabia que llamamos esperanza,
si un día se va,
yo crucifico al amor
y después de enterrar a mis hermanos,
me voy con el tranvía de la muerte
a clausurar mi corazón en una plaza.
