Hebe de Bonafini. Discurso del jueves 23 de octubre de 2014.
“Se podrán imaginar toda la emoción que tengo junta, desde anoche, desde estos dos meses y medio que no puedo venir a la Plaza. Y hoy, con este día hermoso de sol, lleno de esperanza para las Madres, de ilusiones, de sueños cumplidos. Tantas cosas tengo para decir. Primero que las Madres cuando tenemos una idea, la pensamos, la empezamos a soñar, la llenamos de esperanza y después la ponemos en práctica. Y parece muy loco, porque siempre nos proponemos cosas imposibles. Esta Universidad hace 14 años era una locura total. Como siempre, había quien nos amaba y nos ayudó y apoyó para que la tengamos, y quien decía cualquier disparate. Pero acá está, para los jóvenes que a veces se cansan de luchar: imagínense 14 años. También tienen que aprender que las cosas no se hacen solas: nadie se libera sólo. Esto es un conjunto de mujeres grandes, más viejas, tercera edad: pónganle el nombre que quieran. ‘Viejas locas’, ‘revolucionarias’. Tenemos muchos nombres. Y jóvenes, muchos jóvenes en los que tenemos muchas esperanzas y pusimos en manos de ellos muchas de las coas que tenemos. Esta universidad tuvo muchos problemas, muchos altibajos. Hay profesores que hace dos años que no cobran sueldo. Y yo no tengo palabras para agradecerles a esos profesores y a también a los alumnos que creyeron en el proyecto.
Ayer, yo lloraba por teléfono porque estaba internada en la clínica, las Madres lloraban en la casa de las Madres porque lo veían por la computadora. Los chicos, que lloraban en el Congreso; una compañera diputada, Teresita García, que trabajó muchísimo y que no pudo estar porque estaba operada y lloraba conmigo, ella internada y yo en la clínica. Así que la verdad que fueron muchas cosas muy fuertes, mucho de la panza, de la entraña. Y eso es lo que hace que logremos estas cosas que logramos. Pero especialmente porque no banalizamos los derechos humanos, le damos el contenido importante que tiene que tener por lo que significan los hijos para nosotros. La seriedad con que hay que tomar lo que hacemos. A mí no me importa si salimos o no salimos en los medios, a las Madres no nos interesa cambiarnos y vestirnos para una actividad. Nos interesa ser parte de este pueblo por el que nuestros hijos dieron la vida. Nuestros hijos nos enseñaron a ser parte íntegra del pueblo, a compartir todo con nuestro pueblo. Ellos soñaron desde muy chicos con mucha inteligencia este país que hoy tenemos nosotros, que nos parecía imposible, este país que sigue teniendo a los mismos: los que ayer protestaron porque nos daban la universidad son los que estuvieron en la dictadura. Estuvieron con los dictadores. Miraron para un lado o colaboraron directamente. Claro, cómo van a querer que las Madres tengamos un instituto revolucionario, combativo, de derechos humanos, como es el nuestro. Claro que no quieren. Pero éste es el triunfo de nuestros hijos, que son en definitiva ustedes porque nuestros hijos nacen cada vez que hay un pibe que lucha, que pelea, que protesta, que no se calla. Ahí nace. Esto de que están vivos es verdad. Ustedes vieron que tanto hablar de Néstor, tanto decir las Madres que están vivos, también hablamos de que Néstor está vivo. Néstor no murió. Como no muere ningún revolucionario. Ningún hombre o mujer que da su vida por la patria puede morir porque hay otros que levantan sus banderas y porque hay un respeto enorme por ellos, porque para nosotros todos son iguales: no hay ni un solo desaparecido que sea mejor ni más que otro, si estudió más o hizo poco, si fue trabajador o fue científico: se los llevaron por ser revolucionarios, no por ser hijo de, o madre de. Eso es lo que hay que entender. Esta socialización de la maternidad que nos da esta particularidad a las Madres de ser Madres de todos, de pelear por todos y que ningún hijo es más que otro. Eso es la realidad y la verdad con la que soñaron ellos. La igualdad, la solidaridad y la inclusión no tienen que ser palabras vacías, son palabras llenas de contenido para las Madres y hablamos y vivimos como decimos. Eso es lo más importante para nosotras: vivir como decimos y pensar y hacer lo que queremos.
Por eso, compañeros, con la ayuda de tantos, con el amor de tantos, con el afecto de tantos yo tengo que agradecer todo lo que el doctor Parrilli hizo cuando me enfermé, cuando me rompí la pierna; el doctor Di Stéfano que me operó, Juan Manuel de Rosa, que está acá, que es mi médico, que me cura, que me defiende, que me acompaña, que puso su clínica de Ensenada a mi disposición, que hago las reuniones ahí en la clínica, que trabajo con las Madres, que viene todo el mundo a la hora que quiere: todo eso hace que yo pueda estar hoy aquí, contenta, feliz, hablando con ustedes, compartiendo esta Plaza.
Me parece que es un momento muy interesante de política en el país, es un momento muy fuerte. Hay muchos que quieren ser presidentes, ustedes vieron que hay cantidad de candidatos. Hay un candidato que eligió el color naranja, en la Provincia está todo pintado de color naranja. Scioli es color naranja. Me parece que está bien, porque en una guerra muy fuerte, en Vietnam, tiraron bombas Napalm que eran naranja, ¿se acuerdan? Así que capaz que se parece a eso, a una bomba que puede explotar en cualquier momento. Tengámoslo lejos por las dudas de que nos explote en la mano. Y hay otros que no han hecho nada y quieren ser presidentes y hay otros que no, que son maravillosos, que los queremos, grandes candidatos como Aníbal Fernández, Urribarri, Julián Domínguez. Tenemos la suerte de tener muchos candidatos muy buenos y vamos a poder elegir. Hay más, que se me pasan o no los quiero decir. Los que no nombro, algunos porque no los quiero y otros porque no los quiero quemar porque la Plaza es muy caliente: uno pone un fósforo y todo se incendia. Así que ese señor que tiene el factor naranja en la Provincia, estemos lo más lejos posible que cuanto más lejos, mejor.
Tratemos de luchar y pelear por esta maravilla de país que amamos, esta patria que es de todos, que no sea una palabra, la patria somos nosotros, que ‘el otro soy yo’ no sea sólo una consigna, la socialización de la maternidad para nosotros no es sólo una consigna, es una realidad concreta, el amor y la pasión por la política, la pasión bien entendida, el fanatismo. Eva Perón decía que hay que ser fanático para hacer política. Yo soy lo más fanático que pidan porque me encanta hacer política. Tengo la pata rota pero la cabeza por suerte no se me rompió.
Gracias a todos los que me hablaron, los que vinieron, los me que trajeron cosas, me mandaron. Gracias a todos. Y gracias también a los que con su esfuerzo han puesto lo mejor: las Madres que vinieron todos los días a verme, que me trajeron tantas cosas que un día se las tuve que mandar de vuelta porque ya no tenía más dónde ponerlas. Creo que la semana que viene voy a poder volver, si los médicos quieren porque Dios está tan lejos. Ahora que mandamos el satélite ni con eso lo alcanzamos a Dios. Por suerte, qué maravilla: estoy como loca con eso. Quiero ir a Benavidez a ver esas computadoras que hicimos nosotros y que maneja una mujer joven, qué maravilla, para que el satélite entre en órbita. Entremos en órbita también nosotros que nos hace bastante falta. Hasta el jueves que viene”.
